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Natural y Saludable

¿Seremos espectadores o protagonistas?

AUTOR: Gabriel Durand

En mis 30 años de experiencia en temas de calidad y asuntos regulatorios en alimentos y bebidas, fui testigo de numerosos cambios en la industria y en los consumidores. Nunca, en todo este tiempo, evidencié un movimiento tan marcado y uniforme hacia un objetivo común: la alimentación saludable. Les propongo hacer un breve recorrido por los últimos cinco años de regulaciones en la industria de alimentos y bebidas en América Latina para comprender los hechos que nos llevaron hasta contexto actual.

Si bien esta evolución comenzó a pisar fuerte en nuestra región hace tan solo cinco años atrás, la regulación de alimentos y bebidas, tendientes a elaborar productos más saludables, es el movimiento mundial más antiguo. Los gobiernos de Latinoamérica supieron traducir la estrategia global sobre el régimen alimentario en políticas públicas y nuevas regulaciones que comenzaron a abrirse paso cada vez con más fuerza por el año 2013. En aquel momento, la necesidad que se presentó a la industria se basaba en adoptar un rol más activo en la búsqueda de soluciones, trabajando en conjunto con las agencias reguladoras y la academia.

En tan solo un año, se consolidó un nuevo escenario de políticas consideradas más costo efectivas, principalmente dirigidas a regular la oferta de alimentos  (publicidad y etiquetado), las primeras señales de que la industria debía comenzar a evolucionar. Junto a esto, el impacto público del aumento constante de las enfermedades no transmisibles trajo nuevos actores a la mesa tripartita estado-academia-industria: los consumidores y las organizaciones no gubernamentales, quienes corrieron el eje de la discusión para la toma de decisiones. Las valoraciones sociales desplazaron al conocimiento objetivo y pusieron a todo el sistema regulatorio en estrés. Tanto en encuestas internacionales, como locales, se comenzó a reflejar nítidamente una percepción negativa hacia los alimentos procesados y su rol en la dieta.

En los últimos dos años, vimos como un mayor empoderamiento de los consumidores al momento de elegir sus alimentos trajo cambios significativos en toda la industria de alimentos y bebidas. El uso masivo de las redes sociales puso a su disposición una mayor cantidad de información, no siempre proveniente de fuentes oficiales. Esto contribuyó a aumentar la confusión al mezclarse datos con sustento científico, con otros sin una base adecuada. Así, surgieron conceptos como el de “alimentos ultraprocesados” y el establecimiento de criterios de perfil de nutrientes para identificar a los productos que contienen una cantidad excesiva de sodio, azúcares libres, grasas y otros edulcorantes. El contexto apocalíptico ubicó a la industria en un lugar poco privilegiado, generó más demandas y puso en alerta a los sistemas regulatorios.

Ante esta evolución, en la que el consumidor exige productos con características más saludables y los gobiernos demandan trasparencia… ¿seremos simples espectadores o buscaremos nuevas alternativas para satisfacer las nuevas demandas? Mi recomendación es “ser protagonistas”, asumir un rol activo en las políticas públicas, de comunicación y formulación de productos. Para lograrlo, es necesario que la industria avance aún más a través de una mayor transparencia, simpleza y autenticidad, ayudando al desarrollo más rápido de marcos regulatorios adecuados y claros que permitan dar confianza a los consumidores. Un marco regulatorio claro, conocido por todos los actores, basado en el conocimiento científico, es la principal garantía para que la industria de alimentos y bebidas pueda seguir innovando y ofreciendo las mejores soluciones para hoy y el futuro.

Los invito a formar parte de este nuevo espacio de comunicación donde buscaré alimentarlos con la actualización de lo que ocurre en el campo de las regulaciones en Latinoamérica y darles recomendaciones para, juntos, ser protagonistas de nuestro tiempo.

 

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