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Natural y Saludable

Etiquetado frontal de alimentos: ¿transparencia o confusión para los consumidores?

AUTORES: Gabriel Durand y Nuria Monserrat

Actualmente, los consumidores buscan productos con información clara y simple que les permitan realizar elecciones más saludables. En línea con esta tendencia, la OMS estableció la mejora del etiquetado de alimentos, como parte de su estrategia mundial para el control y la prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles. A partir de esta necesidad, distintos países alrededor del mundo comenzaron a proponer nuevas ideas sobre cómo mostrar esta información a los consumidores, que llevaron al surgimiento del denominado etiquetado frontal de alimentos o FOP, por sus siglas en inglés (Front-of-Pack).

Esta nueva iniciativa cumple con dos objetivos: por un lado, busca que el consumidor encuentre, de una manera fácil y rápida, las principales características nutricionales de un alimento y pueda, si así lo quiere, hacer elecciones más saludables para su dieta. Por el otro, pretende estimular a la industria para el desarrollo de nuevos productos con un perfil nutricional más adecuado y la reformulación de los alimentos existentes. Sin embargo, lo que a simple vista parece una muy buena estrategia, está impactando de forma diferente a la pensada y alejándose de los objetivos originales.

Para ponernos en contexto, es importante comenzar por mencionar que existen tres grandes esquemas en los que se puede dividir el etiquetado frontal de alimentos:

  • El primero es el etiquetado orientativo o informativo que utiliza distintas señales. Este es el modelo utilizado, por ejemplo, en México, con las pilas de GDA. Colombia, a su vez, está trabajando con una propuesta similar.

  • El segundo es el esquema interpretativo, representado por el sistema francés de cinco colores (NutriScore), basados en el perfil nutricional completo del alimento. Esto aún no está introducido en América Latina.

  • El tercer y último esquema es el directivo basado en advertencias. El sistema de “semáforo”, implementado en Ecuador, representa un ejemplo.

Otro ejemplo, muy reconocido en Latinoamérica, es el aplicado en Chile mediante la popularmente denominada Ley “Super 8” (Ley 20.606), que busca incitar a reducir el porcentaje de azúcares, grasas, calorías y sodio en los productos alimenticios. Aquellos alimentos que no cumplen con el perfil nutricional establecido, deberán ser  etiquetados con los siguientes logotipos de forma octagonal, según corresponda para cada categoría:

La Organización Panamericana de la Salud recomienda este sistema, lo que impulsa a que distintos países lo estén adoptando, como Uruguay, que acaba de publicar el Decreto N° 272 /2018 para el etiquetado frontal de nutrientes.

Si revisamos esta tendencia en otros países de la región, podemos mencionar a Perú, que busca seguir el modelo de Chile en cuanto a su comunicación; Brasil, donde ANVISA publicó un estudio técnico que describe las distintas alternativas de etiquetado frontal; o la Argentina, que está dando sus primeros pasos en la misma dirección.

A través de estos diversos ejemplos, podemos evidenciar la falta de estandarización entre los distintos países, reflejada en las claras diferencias en diseños, nutrientes críticos incluidos y, principalmente, en los criterios o perfiles nutricionales establecidos para indicar si un producto debe llevar alguna de las advertencias. Esto representa un serio problema ya que, al momento de la compra de un alimento envasado, es difícil para un consumidor tomar una decisión informada si cada país sigue su propio lineamiento. Si hacemos el ejercicio de imaginar a un consumidor tratando de comparar un producto proveniente de Chile, Uruguay o Ecuador, podríamos concluir en que difícilmente puede hacer una comparación certera que lo lleve a elegir el más conveniente para su dieta.

Esta falta de consenso, posiblemente, traerá consecuencias económicas que afectarían, sobre todo, a las pequeñas y medianas empresas. Además, respecto al comercio internacional, el FOP puede actuar como barrera impactando en la oferta de alimentos variados en mercados más pequeños. Algo similar ocurriría con el desarrollo de nuevos productos y reformulaciones.

Hasta el momento, contamos con una evidencia científica limitada sobre la eficiencia de los diferentes modelos, dificultando aún más la estandarización entre los países de la región. Recientemente, el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) publicó un excelente documento donde se puede encontrar la historia completa y un análisis exhaustivo de todos los modelos FOP implementados a nivel mundial. Como síntesis y conclusión de este análisis, se señala que “la adopción de un etiquetado frontal del envase debería ser el resultado de un proceso bien documentado en evidencia local, que sea una real contribución para mejorar la calidad de dieta, con el mínimo grado necesario de afectación de la disponibilidad y variedad de alimentos y armonizado con los lineamientos que se formulen en el marco del Mercosur y el comercio internacional”[1]. Desde nuestra perspectiva, este es el punto de vista más acertado y representa un gran cambio para nuestra industria, que nos permite desafiarnos para impulsar nuevas soluciones y entender que esta discusión nos involucra a todos.

 

[1] Revisión sobre Etiquetado Frontal de Alimentos y Sistemas de Perfiles Nutricionales en el marco del diseño de Políticas Públicas, CEPEA, junio 2018.

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