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Innovación y Tendencias

¿Azúcar sí o no? Lo que los consumidores quieren

Cómo mejorar las opciones con azúcar para satisfacer al consumidor y adelantarse a los cambios que se avecinan en materia de regulación en América Latina.

El consumidor del sigo XXI tiene sus villanos favoritos bien identificados y no son personajes de ficción. Si los nuevos héroes en pos de llevar una alimentación saludable son los productos naturales, orgánicos y menos procesados, en la otra esquina del ring, se encuentran todos aquellos con un alto contenido calórico y que repercuten negativamente en el bienestar de las personas.

En la era del “somos lo que comemos”, el 80% de los consumidores dice seleccionar activamente aquellos alimentos que lo ayudan a prevenir problemas de salud, tal como indica el informe La revolución de los alimentos en América Latina, elaborado por Nielsen en 2017. En el podio de los villanos, los consumidores sitúan a las grasas y el azúcar y, casi un 60% de ellos, desea encontrar en las góndolas más productos que con menor contenido de este último.

Sin dudas, este deseo abre una oportunidad para la industria de alimentos y bebidas. Pero también un desafío. Para los consumidores, el concepto de vida sana es holístico y no se reduce a un solo aspecto. En ese sentido, privilegia todo aquello que le haga bien al cuerpo y al espíritu: busca opciones que impacten positivamente en su salud, pero que también le confieran un alto de grado de placer y satisfacción.

Y, aquí, parece estar el nudo de la cuestión: mientras que los consumidores tienen cada vez más interés por opciones saludables, a la hora de endulzar sus alimentos, la mayoría todavía prefiere el azúcar frente a otros endulzantes naturales o artificiales. El sabor, los hábitos de compra y la facilidad de acceso determinan que la balanza se incline a su favor.

Pero hay otra fuerza que viene moldeando cambios en la industria de alimentos y bebidas en Latinoamérica y que es el marco regulatorio. A raíz del impacto en los gastos de salud pública por el aumento de enfermedades como la diabetes y la obesidad, cada vez más gobiernos de la región impulsan medidas impositivas a las bebidas azucaradas, obligándolas, así, a reducir y sustituir este componente en sus productos.

¿Qué hacer, entonces? Ante un mercado que exige productos bajos en azúcar, tanto por el deseo de los consumidores como por las nuevas disposiciones regulatorias, la industria se encuentra ante el gran reto de mejorar las opciones que ofrece.

El cambio ya llegó y responder pasivamente no parece ser el camino correcto. La ventana de oportunidad está abierta para innovar y poner al alcance de los consumidores alternativas reducidas en azúcar que los convenzan en sabor y les generen un grado de satisfacción muy similar.

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